República Dominicana, ubicada en el corazón del Caribe, se caracteriza por su clima tropical con altas temperaturas durante todo el año y una marcada estacionalidad en las lluvias. Esta región experimenta una irradiación solar intensa, con un promedio de horas de sol que supera las 2,700 anuales, lo que la convierte en un lugar ideal para el desarrollo de proyectos de energía solar.
De acuerdo con el informe de la Comisión Nacional de Energía, el potencial de la energía solar en el país ha sido evaluado mediante el programa SWERA (Solar and Wind Energy Resource Assessment), auspiciado por el Fondo Mundial Ambiental. El potencial de radiación solar global varía entre 5.25 y 6.00 kWh/m2/día, lo que permite la implementación de diversos sistemas solares, desde calentadores solares hasta centrales solares fotovoltaicas interconectadas al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI).
Asimismo, la velocidad del viento en determinadas zonas costeras del país presenta un potencial considerable para la generación de energía eólica. Esta combinación de recursos naturales favorables ha llevado al establecimiento de parques eólicos y solares que desempeñan un papel crucial en la diversificación de la matriz energética del país y en la reducción de su dependencia de combustibles fósiles para la generación de electricidad.
Como resultado, según reporta el Organismo Coordinador (OC), las energías renovables en República Dominicana suman 1,475.4 megavatios (MW), distribuidos entre 623.3 MW hidroeléctricos, 417.1 MW eólicos, 675 MW solares y 30 MW de biomasa a 2024.
Sin embargo, el desafío del cambio climático se ha convertido en un tema central en el panorama energético global, exigiendo respuestas creativas y efectivas para garantizar la sostenibilidad y la resiliencia de las infraestructuras energéticas. En ese sentido, David Peña Serrano, líder de Energía, Power y Renovables en Marsh Latam, explicó en detalle cómo la industria de seguros está evolucionando para abordar los desafíos cada vez mayores asociados con la volatilidad climática.
“Las pólizas de seguros tradicionales no han seguido el ritmo de los cambios en el clima y su impacto en la industria energética”, comenta Peña Serrano. Esta observación subraya la necesidad de innovar en los productos de seguros para adaptarse a un entorno en constante cambio.
Peña Serrano enfatiza que las pólizas tradicionales de seguros no cubren adecuadamente los riesgos asociados con eventos climáticos extremos, como la disminución en la velocidad del viento para proyectos eólicos o la escasez de luz solar para proyectos fotovoltaicos. Ante esta brecha en la cobertura, han surgido productos innovadores, como los seguros paramétricos, que se activan según mediciones específicas, como la velocidad del viento o la cantidad de lluvia.
Es en este contexto que emergen los seguros paramétricos como una solución revolucionaria. “Estos productos se activan automáticamente en función de mediciones específicas, como la velocidad del viento o la cantidad de precipitación. Esto permite una respuesta rápida y eficiente ante eventos climáticos, sin la necesidad de demostrar daños materiales”, explica Peña Serrano.
“Estos productos paramétricos son una respuesta directa a las necesidades del mercado”, afirma Peña Serrano. “Ya no es necesario demostrar daños materiales para recibir compensación. Es una solución eficiente y oportuna”.
Los desafíos van más allá de la cobertura insuficiente. Eventos climáticos extremos, como El Niño y La Niña, plantean desafíos adicionales para la industria energética. “La variabilidad en las condiciones climáticas puede tener un impacto significativo en la producción de energía, lo que resalta la importancia de una protección sólida y adaptable”, señala Peña Serrano.
La relevancia de estos productos se intensifica con fenómenos climáticos que afectan especialmente a las centrales hidroeléctricas. La variabilidad en las condiciones climáticas puede impactar significativamente la rentabilidad de los proyectos, lo que resalta la importancia de contar con una protección adecuada.
Marsh Latam, junto con otros actores del sector, ofrece un enfoque para mitigar los riesgos. Desde la etapa inicial del proyecto, se realizan análisis detallados de exposición a diversos riesgos climáticos, como inundaciones, terremotos y granizo. Esta anticipación permite adaptar las medidas de mitigación y asegurar una cobertura adecuada desde el inicio. “Esta evaluación temprana nos permite diseñar estrategias de mitigación personalizadas”, agrega Peña Serrano.
Sin embargo, se enfrentan a desafíos específicos en regiones altamente expuestas a eventos climáticos extremos, como República Dominicana. Aquí, los altos costos de los seguros y los requisitos de deducibles elevados pueden impactar la viabilidad financiera de los proyectos. Peña Serrano destaca la importancia de una colaboración temprana entre todos los interesados, incluidos los bancos y los desarrolladores de proyectos, para garantizar una evaluación precisa de los riesgos y una planificación efectiva de la mitigación.
En última instancia, la integración de los seguros desde las etapas iniciales del proyecto se presenta como una medida crucial para garantizar su viabilidad a largo plazo. “El seguro no debe ser una reflexión posterior, sino una consideración integral desde el principio”, concluye Peña Serrano. “Es fundamental para proteger los intereses de todas las partes involucradas y asegurar la sostenibilidad del sector energético frente a los desafíos climáticos en constante evolución”.

