El festival de préstamos de la rata de dos patas

Por José Alfredo Guerrero

Llevo años criticando a los congresistas el reiterativo teatro de críticas a las aprobaciones de préstamos públicos que ocurren durante el año está en vigencia el presupuesto al que dieron consentimiento.

Si la deuda pública es rata de dos patas que se alimenta con un festival de préstamos ocupa titulares en la prensa todos los meses, los congresistas pueden encontrar a los culpables en cada selfi se tomen durante el día.

La famosa canción de Paquita la del Barrio la utilicé en la facilitación de cierre de un diplomado sobre deuda pública donde pregunté si a los bonos soberanos y a los préstamos les cuadran los piropos de “rata inmunda”, “animal rastrero”, “escoria de la vida”, “adefesio mal hecho”, “espectro del infierno” y “maldita sabandija”.

Las damas respondieron que no, que “ojalá la mayoría de los hombres tuvieran la sinceridad de hablarle a una mujer que pretende con la que un bono soberano se presenta a un inversionista.” ¿A qué se referían? Ya les había puesto a leer uno de los documentos de oferta de bonos con los que el país quiere levantar dinero en los mercados de capitales.

Ahí hay que explicar con detalle todos los eventos que pueden impedir cumplir la promesa “si me dices que sí te pago un 8% anual, en pagos semestrales, durante diez años y al final te devuelvo el total de lo invertido.”

Los pongo a leer por turno, en voz alta, esta sección del memorando de oferta hasta que uno desesperado salta con “¡Profesor, pero ya van ocho páginas con esta letanía de que si caen las remesas no te pago; si el turista deja de venir, lo siento por ti; si las zonas francas pierden competitividad, espera el cupón sentado; ¿quién vende algo poniéndose defectos?”

O, en el contexto de la canción es homenaje a la misandria, explicando que lo pudiera mutar a ser rata de dos patas.

El festival de préstamos de la rata de dos patas

El cortejo atípico de cada bono soberano está disponible en el portal de la Dirección General de Crédito Público, entidad que desde sus inicios ha tenido una política de transparencia en la información de la evolución de la deuda pública y de difusión de los contratos que comprometen a la nación.

A esa entidad en la Constitución de la República se le asigna una responsabilidad importante en el Artículo 233. A Crédito Público le toca, nada más y nada menos, explicar a los congresistas si el plan de financiamiento, que es parte integral del presupuesto, es “compatible con la capacidad de pago del Estado”.

En los presupuestos deficitarios que venimos ejecutando desde hace décadas la sección financiamiento tiene los montos requeridos para pagar la amortización y financiar el déficit.

Cuando se aprueba el presupuesto se da luz verde a Crédito Público para que consiga esos fondos de la forma que indiquen sus modelos de sostenibilidad de deuda.

Obviamente, los bonos y préstamos deben pasar a desfilar por el congreso, pero ahí no llegan como advenedizos o paracaídas, como las sorpresas de los años previos a la Ley de Crédito Público, cuando cada ministro con un poder especial del presidente podía endeudar a la nación.

De manera que escuchar a un congresista con un “¡Caramba, mi querido pueblo dominicano y, en especial votantes de mi circunscripción, miren este festival de préstamos!” es ridículo, la queja llega once meses después que votó por el plan de financiamiento con que se armó de forma legítima lo que ahora llama carnaval.

Lo que pasa, en el fondo, es que a la hora de los debates del presupuesto la principal preocupación de todos los senadores y diputados es ver el plan de obras que el ejecutivo incluyó para sus provincias. Ese es el tema que los reelige, no hay tiempo para evaluar modelos econométricos de sostenibilidad de deuda u otras cosas técnicas.

Con la deuda, y cuando estemos en oposición, a seguir con las acusaciones clásicas de “estar hipotecando el país”, “tomamos prestado para pagar intereses” y “las futuras generaciones nos lo tomarán en cuenta”.

Ahora bien, si entre esos quieren incluir que es una “rata de dos patas, una externa y otra interna” esté preparado si le preguntan qué se siente tener un patrimonio previsional personal, en su cuenta de capitalización individual, con el 72% en forma de “una maldita sabandija”.