En el primer semestre del 2023 la economía dominicana se ha ralentizado, o sea, ha perdido dinamismo. Es lo lógico y lo esperado porque de lo contrario la inflación no bajaría.
¿Cuál es la idea detrás de esas decisiones de política monetaria?
Encarecer el dinero para que haya menos demanda e inversión, lo que deprime los precios. Y eso, por supuesto, frena el crecimiento.
Viendo el resultado que ha tenido esa contracción en la economía sobre la inflación, es hora de comenzar a mover la maquinaria productiva.
Llegamos finalmente al deseado 4% que está dentro del rango meta de inflación que fija el BRCD. Lo ideal es que se coloque entre 3% y 3.5% antes de terminar el año.
A raíz de ese resultado, hace apenas un mes y medio, el BCRD comenzó a tomar medidas en reversa. Bajó dos veces la tasa de política monetaria de 8.5% a 7.75% y dio facilidades de liquidez rápida y a través del encaje legal a los bancos por unos 120 mil millones de pesos a un 3% para que lo prestaran el 9%.
Una bendición para aquellos que estaban pagando tasas entre 14% y 24% dependiendo el destino de los préstamos.
El Banco Central informó que al 18 de julio del 2023 los montos desembolsados con las medidas de liquidez aprobadas por la Junta Monetaria para Sectores Productivos, Hogares y MIPYMES, alcanzaron un monto desembolsado de RD$58,741 millones, canalizados por las entidades de intermediación financiera mediante 6,825 préstamos.
Lo importante es que el 75% de estas facilidades en sus dos formatos, ha sido colocado en el sector productivo, seguido por las MiPymes con 15% y los hogares 10%, en promedio.
¿Cómo se reflejará eso en la economía?
Las medidas económicas no tienen efecto inmediato y hay un desfase entre la toma de una decisión y el impacto esperado.
Así que a partir de agosto es posible que el crecimiento vuelva a dinamizarse y la meta de alcanzar un 4%, se logre.
Si bien ese crecimiento está por debajo del potencial de la economía dominicana, posiblemente será uno de los 3 mas altos de toda Latinoamérica y El Caribe y eso está sustentado en los datos hasta mayo por países y en las predicciones del FMI y el BM.
Hay 4 puntos a tomar en cuenta:
- Retomar el crecimiento podría presionar el nivel de precios interno, aunque muchos de los bienes que importamos (alimentos, petróleo, insumos), están más bajos que antes de la pandemia, incluyendo los fletes.
- Sin el petróleo sube demasiado con la llegada del invierno el gobierno mantendrá los precios congelados evitando que los precios internos vuelvan a subir y para eso tiene fondos disponibles (fueron programados 20 mil millones de pesos para el subsidio a los combustibles, de lo que se ha gastado menos de un tercio).
- Mientras la economía de Estados Unidos continue mostrando un solido nivel de empleo y un crecimiento razonable (1.8%), la nuestra será muy favorecida y nos ayudará a una rápida recuperación.
- Por último, después de alcanzar una inflación en junio de 3%, debemos estar atentos a lo que decidirá la FED en su próxima reunión. Si sube la tasa otros 25 puntos, eso es un problema para nosotros, pero si decide otra pausa, los mercados de renta variable explotarán de alegría y podemos esperar otras reducciones en la tasa de interés que fija el BCRD.
Para el 2023 las proyecciones de crecimiento siguen siendo buenas para el país, según el Banco Mundial y el FMI, que vuelven a ubicarla entre 4% y 4.5%.
De lograrlo, las perspectivas a partir del 2024 serían mucho mejores y la economía volvería a crecer entre 5.5% y 6% con una inflación dentro del rango meta.
Pero no olvidemos el entorno internacional. Muchos expertos todavía hablan de recesión en Estados Unidos y Europa al final del año, otros de un aumento de los precios de las materias primas por el bloqueo a las exportaciones de Ucrania, no faltan los que prevén un repunte en los precios del gas y petróleo por nuevas sanciones a Rusia y ni hablar de los pesimistas radicales que advierten de un colapso del sistema financiero.
Hay nubes negras en el entorno internacional y negarlo es perder la perspectiva.

