En un contexto en el que República Dominicana aún destina alrededor de US$30 millones anuales a la importación de café, Industrias Banilejas (Induban) ejecuta un programa de recuperación productiva orientado a cerrar la brecha entre consumo y producción local, fortalecer la economía rural y avanzar hacia la autosuficiencia cafetalera.
A través de esta iniciativa, la empresa agroindustrial impulsa la renovación del parque cafetalero nacional mediante asistencia técnica especializada, financiamiento responsable, introducción de variedades resistentes a la plaga Hypothenemus hampei, conocida como “broca del café” y transferencia de tecnología, impactando actualmente a 250 productores, más de 16,000 tareas sembradas y una producción estimada de 25,000 quintales.
La estrategia se desarrolla en un momento clave para el sector, luego de más de dos décadas marcadas por la caída de precios internacionales, el envejecimiento de las plantaciones y el impacto de enfermedades como el hongo Hemileia vastatrix (roya del café), factores que llevaron al país a registrar en 2015 su peor cosecha, con menos de 100,000 quintales.
Así lo explicó Manuel Pozo Perelló, presidente ejecutivo de Induban, durante un recorrido por la finca experimental en Rancho Arriba, San José de Ocoa, donde destacó que el trabajo que hoy se muestra es el resultado de un esfuerzo que la empresa viene desarrollando desde hace muchos años.

“Nuestro objetivo es que el país produzca lo que consume y que no tengamos que depender de importaciones. Aquí estamos viendo un trabajo que venimos haciendo desde hace muchos años para lograr la autosuficiencia cafetalera”, afirmó Pozo Perelló.
Viveros, variedades y apoyo
Induban ha introducido en los últimos años alrededor de 15 variedades de café de alta productividad y resistencia a la roya, provenientes principalmente de Centroamérica y Brasil, las cuales han sido evaluadas y seleccionadas en su Jardín Varietal de Rancho Arriba antes de ser distribuidas a los productores.
Actualmente, los viveros del programa cuentan con cientos de miles de plantas en proceso de crecimiento, que una vez alcanzan el tamaño adecuado son llevadas al campo.
De esta producción, el 60% se destina a productores locales y el 40% a fincas propias de Induban, que administra 33 fincas a nivel nacional. Las plantas se entregan bajo esquemas mixtos: algunas son donadas y otras financiadas, con pagos que inician cuando la plantación entra en producción, aproximadamente a los tres años.
La caficultura
De acuerdo con datos presentados por Induban, la caficultura dominicana ha enfrentado múltiples desafíos en las últimas dos décadas.
Entre ellos se destacan la caída de los precios internacionales, el envejecimiento del parque cafetalero, los daños causados por fenómenos climáticos como el ciclón Georges, y el impacto severo de la roya, que reapareció con fuerza en 2010 y diezmó gran parte de las plantaciones del país.
En 2015, República Dominicana registró su peor cosecha, con menos de 100,000 quintales. A partir de entonces, con el apoyo de Induban, el Estado y los productores, se inició un proceso de recuperación gradual. Para sostener a los caficultores, Induban llegó incluso a pagar hasta US$60 por encima del precio del mercado internacional, incentivando la permanencia en la actividad productiva.
Programa
El ingeniero Carlos Fonseca, asesor del programa Café creciente, explicó que la iniciativa se basa en la transferencia de tecnología y la asistencia técnica continua, con énfasis en buenas prácticas agrícolas, manejo de fertilización, poda, control de enfermedades y mejora de la calidad del grano.
“Aquí no se trata de regalar plantas sin seguimiento. El productor que participa debe aplicar las recomendaciones técnicas. A eso le llamamos obediencia técnica”, puntualizó Fonseca.
Actualmente, el programa impacta a unos 250 productores, abarcando 16,000 tareas sembradas, con una producción estimada de 25,000 quintales de café, y el uso de 60,000 sacos de fertilizantes, distribuidos bajo esquemas de financiamiento responsable.
Las zonas beneficiadas incluyen comunidades de Azua, de San José de Ocoa y Barahona en el suroeste, así como varias provincias de la región del Cibao, consolidando una cobertura nacional del programa.
Fonseca destacó que el proyecto tiene identificados más de 250 grupos familiares, lo que permite planificar futuras iniciativas de apoyo social y económico, especialmente para mujeres y jóvenes vinculados a la actividad cafetalera.
Además, se establece un mecanismo para promover que los propios productores aprendan a establecer y manejar sus viveros, reduciendo la dependencia de donaciones.
Solo en Azua, durante el último año, se lograron producir 60,000 plantas, meta que se espera repetir este año.
Producción y costos
Por su parte, José Carlos Medina, encargado del Plan Sectorial, explicó que una planta de café bien manejada puede iniciar producción a los 18 meses, siempre que reciba una nutrición y manejo adecuados.
Indicó que los costos de producción varían según el rendimiento, ya que el gasto por quintal depende directamente de la cantidad producida.
Asimismo, destacó la importancia del uso de abonos orgánicos, elaborados en las propias instalaciones del proyecto, como parte del manejo sostenible del cultivo, con lo que aportan al medio ambiente.
Hacia la autosuficiencia
En la actualidad, alrededor de 3.5% del café consumido en el país es importado, lo que representa una salida anual cercana a US$30 millones.
Induban estima que, de mantenerse el ritmo de recuperación, la cosecha nacional 2025-2026 podría alcanzar los 270,000 quintales, con un valor aproximado de RD$5,000 millones, fortaleciendo la economía rural y reduciendo la dependencia externa.
“Queremos que el dinero del café se quede en el país, que beneficie al productor dominicano y que la caficultura vuelva a florecer”, puntualizó Manuel Pozo.

