Richard Medina
El crecimiento económico dominicano languidece. En los últimos tres años, la economía creció solo 3.1% promedio anual, por debajo del 6% observado entre 2013 y 2019.
Más allá de factores coyunturales, esto parece sugerir que el modelo económico dominicano necesita reorientarse. El turismo, las zonas francas y la construcción son actividades exitosas que deben mantenerse.
Desde finales de los 1980s han sido los motores del dinamismo dominicano y han generado millones de empleos. No obstante, hay que incorporar otras actividades.
Como economía pequeña y abierta, a República Dominicana no le queda más remedio que desarrollar su aparato exportador de bienes industrializados. Estas manufacturas son aquellas transformadas y producidas en serie, con mayor valor agregado y precio. República Dominicana debe seguir el ejemplo de desarrollo asiático (Japón, Taiwán, Corea del Sur, Singapur).
Estos países se enfocaron en exportar bienes manufacturados, logrando fabricar productos cada vez más complejos. Pasaron de exportar productos agropecuarios a textiles y plásticos; luego, aparatos electrónicos; y finalmente, vehículos y microchips.
En esta escalera de la complejidad, los asiáticos fueron subiendo cada peldaño. La exportación de electrónicos marcó su transición a economías avanzadas y la superación de la “trampa del ingreso medio”.
Sin embargo, esto no se logró mágicamente. Fue el resultado de políticas públicas rigurosas y específicas como reformas educativas que mejoraron las competencias de sus trabajadores. Además, estos países aplicaron intensa y extensamente política industrial con crédito barato, subsidios estratégicos y temporales de insumos, incentivos fiscales a la exportación e infraestructura de calidad.
Ese debe ser el enfoque dominicano. Dados los niveles de aprendizaje, según varias pruebas estandarizadas internacionales, es necesaria la focalización de esfuerzos para que los niños dominicanos obtengan la capacidad de lectura comprensiva y la aritmética en los primeros cursos de educación básica. Así se formarían generaciones de estudiantes dominicanos con las competencias demandadas actualmente.
Sobre la política industrial, el Gobierno puede definir los sectores iniciales para el despegue exportador. Se tiene un pie de amigo con los dispositivos médicos y aparatos electrónicos que se fabrican en zonas francas. Es muy posible que RD tenga las capacidades de fabricar bienes más sofisticados como equipos de navegación, sensores y partes de aparatos de comunicación. La integración de la producción local con las zonas francas es fundamental.
Asimismo, República Dominicana debe aprovechar su cercanía con México (58% de cuyas exportaciones son de aparatos electrónicos o vehículos) para que empresas multinacionales se instalen en territorio dominicano y comiencen a fabricar las partes más sencillas de los bienes finales producidos en México.
Esta integración se facilitaría porque la mano de obra mexicana se ha encarecido a medida que exportan bienes más sofisticados y costosos. Ese nicho inicial puede explotarlo República Dominicana.
El cambio de comercio mundial que impulsa Estados Unidos es una oportunidad de oro para República Dominicana. Integrarnos con México y Estados Unidos es una manera estratégica de potenciar las exportaciones manufactureras dominicanas. El país necesita una nueva etapa de desarrollo basada en mayor productividad e inserción en las cadenas globales de valor.
Hay que actuar rápido y pensar en lo que conviene al país.

