Mochilas por botellas plásticas y pisos de tierra por cemento

Por José Alfredo Guerrero

Carolina Mejía concluyó una exitosa jornada de cambiar botellas plásticas por mochilas, útiles escolares y tabletas dos semanas después que Guillermo Santana entregara los últimos pisos de cemento de la programación de este año.

Ambas actividades de estas personas excepcionales las comenté a los estudiantes de un curso de Fundamentos de Economía este verano.

Carolina Mejía, que entre sus grados académicos tiene licenciatura en esa disciplina, ha propuesto un trueque atípico.

Lo normal es que estos se logren cuando ocurre una doble coincidencia de deseos en que se intercambian bienes para uso directo, pero ¿es una botella plástica vacía un bien económico?

Un resumen de los comentarios a continuación: No es un bien porque no existe un portal www.tubotellaplástica.com.do como los tantos que se encuentran para comprar carros.

La botella plástica es parte integral de un bien cuando está llena y se compra en el colmado. Una vez se ingiere su destino es el tanque de basura, como ocurre el 100% de las veces en Suiza, y aquí con porcentaje menor porque falta aprender que ninguna puede ir a la cuneta, de adorno en un coralillo o sembrada en palmas que crean espacios como horquetas.

¿Entonces es un trueque de un mal por un bien? No. La valoración de un objeto o servicio como un bien nace en la mente de cada individuo en el momento de actuar.

No hay duda es un bien para los residentes en una de las tres circunscripciones del Distrito Nacional con interés de conseguir una mochila y que dedicaron tiempo a recolectar botellas, trasladarse al Palacio Municipal y hacer una fila larga, como las de la actividad plásticos por juguetes, pero que la entidad logra que el tiempo pase liviano por las actividades de entrenamiento como las de la imagen.

Pero con el evento no se cambia que las botellas plásticas sigan siendo un mal o algo sin valor para los residentes de otros municipios, a menos que en aquellos de los más cercanos al Distrito Nacional algunas personas decidieran recolectar para vender a quienes faltaban algunas para completar la funda o un saco entero con las especificaciones de la invitación.

Tal vez de los Tres Brazos salieron plataneras con diez fundas de 300 botellas para llegar al Simón Bolívar y ofrecerlas por precio que cubra flete y beneficie al que se ahorra el trote de recolectarlas en el sol de agosto.

El trueque, en definitiva, es atractivo y la cantidad de personas que comenzaron a llegar desde el sábado en la tarde lo confirma, provocando que se hicieran preparativos si la demanda superaba el inventario original a intercambiar.

Estuve observando la última parte de la actividad, justo cuando se informó por las redes en comunicado oficial que se atendería a todo el que estaba en fila todavía con sus botellas en sus fundas.

Mochilas por botellas plásticas y pisos de tierra por cemento

Algunos al pensar que no les daría tiempo llegar al intercambio rompieron sus fundas, razón por la que al final se veían muchas en el suelo: ya la mente concluyó que la botella no valía nada, que volvió a ser basura y decide tirarla porque siempre la recogen al terminar y dejan todo como si no pasó nada.

Esta es una externalidad negativa, como se llama en Economía, que aunque se deja de corta duración siempre aprovechan algunos para tratar deslucir el evento.

Una tarea espuria porque ahí están los rostros alegres de miles de niños, jovencitos y sus padres con el intercambio.
Esa felicidad natural del que recibe un gesto de solidaridad también la encontré en cada familia de la ruta para entregar pisos de cemento.

Guillermo Santana me invitó para las doce que completaban la meta de este año, nuevamente en Santo Domingo Este. En este caso, obviamente, no hay contraprestación porque el piso de cemento se pone encima de la tierra sobre la que se construyó una vivienda precaria con altos riesgos de salud por tener el piso de tierra.

De hecho, esa es una de las motivaciones para que las familias de escasos recursos construyen sus casitas con piso de cemento y, de agotarse el presupuesto, es común que sustituir el de tierra encabece la lista de futuras mejoras a realizar por sus propios medios, la ayuda de planes sociales del gobierno o de personas o entidades que, como su Fundación Guille Open, conectan con esa aspiración.

En esto también ven los estudiantes de economía que al precio cero para las fundas de cemento, arena y otros insumos se va a generar demanda de todos aquellos que tenga o ahorre medios para pagar la mano de obra (que es la única inversión, pequeña en relación con el presupuesto, que se explica a las familias se evalúan con esa finalidad).

Mochilas por botellas plásticas y pisos de tierra por cemento

En el SIUBEN del 2019 para la provincia de Santo Domingo el porcentaje de viviendas con piso de tierra es pequeño, una prueba de la preferencia de familias pobres por dar solución a esa carencia.

El porcentaje es de 2.1 y es inferior al promedio nacional de 5.2%, pero Guillermo me cuenta que trabaja en sectores donde esa proporción es mucho más alta y, como todo buen servidor social, siempre le queda la sensación de quedar a deber porque solo tiene recursos para atender los casos más urgentes.

En la imagen está la foto del antes, con pisos de tierra, para una de las familias seleccionadas y la foto con la entrega del piso de tierra.

La señora es Altagracia Ortega, del sector Monte de los Olivos, a su izquierda está el Dr. Guillermo Santana y completa la foto Rubén Darío Mañón, un líder comunitario que viene apoyando esta obra hace años en los sectores de Brisas del Este, el Quilombo, el Km. 20 de la Marginal Las Américas, Rivera, Cancela Adentro, Monte de los Olivos y la 66.

Los estudiantes se mostraron interesados en la logística y los resultados con datos más concretos sobre los costos de los pisos de cemento, el número de mochilas y tabletas entregadas y el destino final de las botellas plásticas, que leyeron serán convertidas en mobiliario, más otros temas que trataré en una segunda parte.