Por José Alfredo Guerrero

A Chandler, una de las estrellas de la serie de televisión Friends, le correspondió la última línea simpática del capítulo de cierre. Empujando el carrito donde estaban los bebés, mientras estaban rodeados de todos los amigos, les dijo: “Miren a su alrededor, pequeños seres. Este fue su primer hogar.

Y fue un lugar de felicidad, lleno de amor y risas. Pero algo más importante, como era un apartamento que estaba sujeto a control de alquileres, fue un maldito robo.”

¿Un “maldito robo” del que se despiden después de diez años muertos de risa los seis amigos? Sí, todo el que se beneficia de una renta controlada en una buena zona de New York, organiza su vida, cumple sus metas y se marcha cuando ya no lo necesita es un agraciado.

En un vagón del tren estará con la sonrisa de oreja a oreja asombrado viendo el truño de aquellos que deben pagar alquileres en el mercado libre o que tienen meses buscando por las pocas ofertas que existen para su nivel de ingresos.

Claro, esa sonrisa se le esfuma si por casualidad llega a ver entrando al vagón al dueño del apartamento por el que paga el alquiler que es “un maldito robo”. Y buscará la forma de moverse a otro más lejano porque a nadie que se encuentra con quien le roba se le puede pedir que sea civilizado.

Y es que los controles de precios en viviendas de alquiler o en cualquier otro bien o servicio son precisamente eso: un robo a los legítimos propietarios de los que en un intercambio tienen que pactar a un precio político (lo que se le ocurra a dictador, sultán, funcionario o congresista) que es inferior al que prevalece en transacciones libres. El atraco legal es la brecha entre esos dos valores.

En el caso de Friends, si apartamentos similares que no están en control de precios pagan 3,200 dólares y el de ellos 1,200 dólares tienen un ahorro de dos mil dólares mensuales. Se ahorraban 24 mil dólares por año que podían gastar en regalos a novias, almuerzos, vacaciones, vestidos y calzados.

En diez años 240 mil dólares que hubiesen pagado de renta en condiciones normales les sirvió para mantener un nivel de vida por encima de sus posibilidades. Eso, ciertamente, es un “maldito robo” del que fue víctima el dueño del apartamento no contó con esos recursos para seguir con el plan de gasto e inversión que tenía programado hasta el día el poder político le quitó esos ingresos para el beneficio de Chandler y sus simpáticos amigos.

Además del despojo de ingresos a los propietarios de los inmuebles sometidos a control de renta, otro daño que provocan es el paulatino deterioro de la vivienda que ocurre cuando el alquiler no da para cubrir los gastos de mantenimiento.

Obviamente que propietario afectado va a tardar en responder las demandas para que se arregle la calefacción, se repare el ascensor o las filtraciones cuando los inquilinos están pagando alquileres artificialmente bajos gracias a los “toritos” que están en toda entidad con poder político interferir en la compra y venta de cualquier cosa.

El control de renta también es un espantapájaros para las inversiones en viviendas de alquiler. Los sectores con regulación de precios disminuyen su rentabilidad relativa con respecto a otros donde no existen topes artificiales a los términos para contratar.

La simple amenaza de que se va a regular, por ejemplo, a los apartamentos que se están construyendo con la finalidad de rentas cortas puede estar ya afectando el dinamismo de ese segmento en la actividad de la construcción.

El alquiler de Vivienda es, por supuesto, un servicio importante en la canasta básica para medir la inflación en República Dominicana. En la nueva que usa el Banco Central para seguir la evolución de los precios en la economía, el alquiler aumentó su ponderación con respecto a la canasta anterior con base en diciembre 2010.

Ahora su participación es de 6.4% en la Canasta Promedio Nacional y en los tres quintiles inferiores se nota un aumento mucho mayor entre las dos canastas.
Para el quintil de menores ingresos el cambió fue de 2.7 a 5.8%, más del doble. ¡Ajá, ahí está, vamos con controles de precios para que baje esa proporción pagan los más pobres en casas que no son de ellos! No, si apoya eso lo que estará promoviendo es un “maldito robo” a todo el que invirtió sus ahorros para permitir que aquellos sin ingresos suficientes para comprar una casa propia puedan tener un techo donde vivir.

Eso, con todo y que lo diga Chandler, que en paz descanse, no es un chiste.

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