Elon Musk llegó el pasado viernes a la sede de Twitter con un lavabo en sus brazos. Era la primera imagen del hombre más rico del mundo como dueño de la red social. Ponía así fin a un histórico proceso de compra que comenzó en abril y que amenazó con romper, y rompió, a raiz del número de cuentas falsas que habitan en la red social. Desde ese momento, se cirnió, no solo sobre la plataforma, sino también sobre usuarios y gobiernos de todo el mundo, la incógnita del rumbo que iba a tomar Twitter después del aterrizaje de Musk.

En menos de una semana, es el propio Musk quien va desvelando los planes que tiene para «su gran plaza», tomando ya las primeras decisiones ejecutivas. La última llegaba este lunes. Tras expulsar la pasada semana al consejero delegado, Parag Agrawal, así como a otros dos ejecutivos que no formaban parte del consejo de administración -el director financiero, Ned Segal, y la directora legal, Vijaya Gadde, Musk expulsó a los nueve miemrbos que componían el consejo de administración. De esta forma, el organismo tan solo cuenta con un único miembro: Elon Musk.

Un movimiento del que ha dado cuenta la empresa a través de un comunicado remitido a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos y en el que se explica que esta decisión estaba incluida en el acuerdo de adquisición de la compañía, que se completó el pasado 28 de octubre, fecha límite para que Musk aceptara el acuerdo de adquisición contraído con la compañía y evitar así el juicio para el que estaba citado por incumplimiento de contrato.

Con esta decisión, tal y como ya dejó ver el pasado viernes en su biografía de Twitter cambiándola a ‘Chief Twit’, su cargo pasa a ser el de director ejecutivo de la red social. Así, este lunes también se han conocido nuevas intenciones del multimillonario. Y es que ha pedido a los trabajadores de la compañía que busquen la forma de cobrar en torno a 20 dólares al mes a cada usuario que tenga la cuenta verificada.

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