La eficiencia en la producción de leche y en la elaboración y comercialización de los derivados es un reto de toda la cadena láctea en América Latina, un sector del que depende la vida de millones de familias en la región.

Una finca lechera en América Latina rinde, en promedio, la décima parte de una altamente especializada de Estados Unidos, Australia o Nueva Zelanda, por lo que la eficiencia es el principal desafío del sector en la región, de acuerdo con un reciente estudio divulgado por la FAO.

Alejandro Acosta, oficial de política ganadera de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y coautor del estudio, apuntó que “uno de los desafíos para mejorar el nivel de productividad láctea en la región está asociado con incrementar la eficiencia de escala”.

El estudio “Más allá de la finca lechera”, de la FAO y la Federación Panamericana de Lechería, examinó al sector en 19 países, todos los continentales de la región, excepto Belice y las Guayanas, más Cuba y República Dominicana.

La región cuenta con 3,3 millones de productores, responsables de 81 millones de toneladas de leche por año, con 20 % de ellos como productores especializados, que generan aproximadamente 80 % de la producción total de la región.

América Latina participa con 12 % de la producción mundial de leche bovina, siete por ciento de exportaciones y 13 % de importaciones globales de productos lácteos.

Dada la capacidad del sector para crear extensas cadenas de valor –hay miles de emprendimientos industriales a partir del producto de ordeño-, la actividad lechera contribuye con la generación de más de cuatro millones de empleos directos y medio millón de empleos indirectos.

La radiografía mostró que, mayoritariamente, la estructura productiva está compuesta por un amplio número de pequeños productores, y con un bajo promedio de producción en la mayoría de los países.

Brasil tiene el mayor número de fincas lecheras, 1 350 800, aunque son 270 000 las especializadas (el resto es de doble propósito, para carne y leche), que producen una media de 277 litros por día. Perú le sigue, con 452 000 fincas y 52 000 especializadas, con una producción media de 85 litros diarios.

Las fincas especializadas de Colombia producen 297 litros por día, las de México 174, las de Ecuador 61, las de Nicaragua 385, las de Venezuela 335, las de Costa Rica 170, las de El Salvador 514 y las de Cuba 502.

Los líderes del sector en la región están en el Cono Sur: Argentina tiene 10 200 fincas lecheras, que producen 2828 litros diarios en promedio; Chile tiene 5000, con 1196 litros por día, y Uruguay es, de los países analizados, el que tiene menos fincas, 3873, pero la producción promedio de ellas es de 1570 litros diarios.

El estudio muestra la relativa modestia de esas cifras al compararlas con las de las fincas especializadas estadounidenses, que producen 6800 litros por día en promedio, las de Australia, 5200 litros, o las de Nueva Zelanda, 4500 litros.

La media regional equivale a la décima parte de la de esos países de referencia.

En cuanto al consumo de productos lácteos en la región, Uruguay encabeza la tabla, con 230 litros equivalentes de leche por persona al año; le siguen Costa Rica (220 litros), Argentina (190), Brasil (170), y Colombia y Chile (150).

En una zona media están México (120) y Cuba (90), y entre los países estudiados los de menor consumo son Nicaragua, Bolivia y Guatemala, con 60 litros o menos.

En el eslabón industrial de la cadena láctea hay una gran heterogeneidad, con empresas nacionales de capital privado, cooperativas y paraestatales, y firmas de origen multinacional.

Las mayores, por el volumen de litros de leche que reciben y procesan al año, son Lala de México, Nestlé, Lactalis, Italac, Bella Vista e Itambé en Brasil, Conaprole de Uruguay, Serenísima y Saputo de Argentina, Colanta de Colombia y Gloria de Perú.

Otro tema que considera el estudio es el de la informalidad o incumplimiento de normas mínimas de calidad, bromatología, impositivas y exigencias laborales. Aunque reconoce que es un fenómeno difícil de cuantificar, atraviesa toda la cadena láctea e influye negativamente en el desempeño sectorial.

Cuando combinó los principales factores relativos a la productividad, el estudio destacó el desempeño brasileño y costarricense. Brasil muestra una tasa de crecimiento de cuatro por ciento anual, explicada por un cambio de eficiencia de 1,4 y un cambio tecnológico de 2,5 %.

Costa Rica presenta una tasa de crecimiento de 3,3 %, reflejada en un cambio de eficiencia de 1,2 % anual, acompañada de un cambio tecnológico de 2,1 %.

Durante la última década, el incremento de la productividad del sector lechero latinoamericano alcanzó una tasa de crecimiento promedio de  0,7% anual, por un crecimiento positivo en la innovación (2,2 %) asociado a un crecimiento negativo en eficiencia (–1,5%).

Para Acosta “eso indica que, si bien el cambio tecnológico está impulsando el nivel de productividad, en la región el factor determinante para mejorar la relación insumo-producto es mejorar el nivel de eficiencia, es decir la capacidad de utilizar los recursos y tecnologías actualmente disponibles para producir más”.

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